domingo, 22 de febrero de 2009

LOS CIUDADANOS ANTE LAS FILTRACIONES A LOS MEDIOS

Vi el título de la editorial y me llamó la atención, sin duda. Ética y periodismo, titulaba el periódico mexicano El Universal una de sus editoriales del día 13 de febrero. No es común que los periódicos hablan en sus titulares explícitamente de Ética. Lo leí. Bien, correcto, pero no supe por qué razón no me llamó a reflexionar sobre lo que ahí se decía.

Después, así sólo, me llego a la cabeza las razones por las que no había prestado demasiada atención a la editorial; no estaban reflejados los ciudadanos. El escrito defendía la posición del periódico sobre la publicación de unas conversaciones privadas de un funcionario público mexicano. La explicación era convincente, si, pero lo era desde el punto de vista, exclusivamente, del periódico. Yo me pregunto, ¿esa explicación es convincente desde el punto de vista del lector?

Hacer públicas unas declaraciones privadas de un funcionario de alto rango sólo añade ruido a los temas que son de mayor importancia para los ciudadanos. Porque en todo caso, para los lectores lo significativo sería tener más datos sobre sí lo que dice de manera privada el funcionario tiene asidero en la realidad. Lo importante no son las declaraciones, lo importante no es el funcionario. Lo importante es la información que da valor a esas declaraciones o a ese funcionario. De la misma manera que ante toda declaración de un político lo importante no es la declaración en sí, sino si esa declaración es coherente con la realidad de las cosas. Para un periodista las filtraciones no son el fin, son sólo el principio

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hace un par de meses deboré "Sostiene Pereira", dándome cuenta de que mi pausada lectura se debía a mi identificación con ese personaje poseedor de una depresión invasiva. Recordé el libro, sus pasajes lucitanos, su pausado andar, hace unos días, cuando recibí un correo en donde me invitaban a votar por el PAN con el lema "No estamos tan mal". Hubiese borrado el mensaje si no fuese porque en uno de sus puntos se presumía una "Libertad Absoluta en Prensa, Radio y Televisión". Pude haberlo borrado, ignorado que quien me mandó el mensaje era un gran amigo, dejarlo como un mal chiste.
Lo refuté. Refuté ese punto con todas las armas posibles. Mandé mi antítesis a casi todos mis contactos.
Mi amigo ahora no me habla, pero no podía dejar que un simple mensaje proselitista provocara un pequeño zumbido en donde se pudiese creer que las cosas están bien en cuanto a libertad de expresión.
Me sentí un poco Pereira una vez más. Y lamento no haber podido agradecerte esa lectura en persona. Te mando un abrazo y mis sinceras admiraciones.