Cuando algunos temas se ponen de moda, por legítima que sea la causa, como sucede ahora con el tema de la crisis, ocurre que se convierten en pantallas que no dejan pasar la luz sobre muchos asuntos. Y algo muy similar está sucediendo, ahora, con los periódicos, en particular, y con las demás empresas periodísticas en general.
La crisis económica actual, que, cierto, afecta a todo el mundo, pero cada país tiene diferentes herramientas para protegerse, no permite ver que el periodismo lleva ya años, mejor dicho decenios, bajo la tormenta de su cuestionamiento permanente.
El tiraje de los periódicos impresos en papel ha ido disminuyendo constantemente desde hace más de treinta años, es decir, para que no haya lugar a dudas, desde antes de la era de Internet. Si bien es cierto que el periodismo no se limita a los periódicos, la era de la televisión, a pesar de sus audiencias, no ha logrado, ni mucho menos, acallar las críticas al trabajo periodístico, más bien, el trabajo periodístico en televisión ha exacerbado los cuestionamientos.
Esta crisis ha interrumpido en las redacciones de casi todas las empresas periodísticas actuales. Y la pregunta que circula con mayor angustia es ¿cómo hacer para rentabilizar un producto, la información, justo en los momentos en que pareciera que ésta es lo que sobra? Dadas los despidos de personal y las continuas fusiones, todo indica que las personas que se encargan de las sumas y restas del dinero han decidido que el negocio se encuentra en dar mucho menos y gastarse, para trasmitir información, también mucho menos. Al final, esta estrategia se parece a las de los fabricantes de galletas, que van reduciendo la cantidad de piezas en los paquetes pero no modifican el precio.
El hecho es que por mucho tiempo las empresas periodísticas, en general como una tendencia del sector, han venido ofreciendo un tratamiento de la información con cada vez menor valor añadido, a tal grado que hoy en día, con la plataforma de Internet, han descubierto “que cualquiera puede ofrecer lo mismo” a menor precio.
De nada sirve ahora rasgarse las vestiduras y proclamar a grito abierto por el retorno de otros tiempos del trabajo periodístico, porque todo viaje al pasado, además de anacrónico, lo único que hace es borrar los aprendizajes del camino recorrido.
La crisis económica actual es, para la empresas periodísticas, una ola que golpea a un barco que hace rato no encuentra la brújula. Mucha ingeniería financiera se requiere, pero también, tal vez más necesario, se necesita que alguien, o algunos, se detengan a pensar se hagan la pregunta vital del periodismo actual: ¿Qué, cómo y para qué información debe trasladar a la gente para que esté dispuesta a desviar una parte de sus recursos en adquirirla? No hay respuestas, y estos días son tiempos de exploradores.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario