viernes, 16 de abril de 2010

MEDIOS Y VIOLENCIA: ESTADO DE SHOCK CIUDADANO.

La vida pública de México tiene ya muchos años acostumbrándose a la violencia de los actos delictivos. En esta creciente y desestabilizadora ola de crimen, por lo regular sin castigo, se empieza por poder en la mesa del debate a los medios de comunicación y a la labor informativa de estos.

Más allá del debate sobre el papel de los medios en la reproducción de los modos violentos de la delincuencia, que creo que requiere un serio análisis alejado de los lugares comunes, considero que en la cobertura de hechos de violencia y delincuencia hay al menos dos elementos ausentes, paradójicamente, y estos son la justicia y los ciudadanos.

Cuando menciono justicia me refiero a la información que dé cuenta de los procesos que llevan a cabo las instituciones para resarcir a la sociedad de los actos violentos. Es decir, en la información sobre delincuencia sólo aparece la violencia, la policía, los agresores, la sangre, los muertos, las mentiras, etcétera. pero nunca o casi nunca la justicia, que por otro lado nada tiene que ver con la venganza.

Tampoco aparecen los ciudadanos, a no ser como meras víctimas. La información se ha deshumanizado, o si se me permite decir, desciudadanizado. la información habla de números, de cabezas cortadas, de aumentos, de descensos, de “armas de grueso calibre”, pero muy pocos veces de gente a la cual se le destruyen proyectos de vida. No creo que se trate de volcarnos al “populismo lacrimógeno”, si no de concienciar de que la violencia afecta al modelo ciudadano de convivencia.

Y en esta ecuación cabría anotar que la política, mejor dicho los políticos sean mujeres u hombres, se van colando en este tipo de información. Tal vez el caso de la niña perdida y posteriormente descubierta muerta en su propia habitación sea emblemático de lo que digo. Al final la trascendencia noticiosa de un acto de violencia va a estar no en el hecho del debilitamiento de las estructuras de justicia en el país, sino en la medida que ese acto en sí afecta la vida de un político.

La justicia, que hay poca en la “calle”, tampoco aparece en los medios como un hecho a compartir, construir y exigir. Asimismo los ciudadanos quedan tapiados, y por lo tanto pareciera que la delincuencia y la violencia, dos elementos de la misma de la misma rama, son temas de cosas y no de seres humanos.

A pesar de lo dicho, dejo aquí una muestra de un trabajo que rescata la justicia y a los ciudadanos. Por algo se empieza.



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