Hace ya algún tiempo apareció una información que por su importancia ocupó los titulares de casi todos los medios noticiosos de México. En ella se daba cuenta de un número importante de familiares de políticos que eran beneficiarios de las concesiones de guarderías del IMSS. El escándalo fue mayor aunque de baja permanencia, como suele suceder con los escándalos.
Tiempo después en un artículo de Juan María Alponte con fecha del 31 de julio habla del “escándalo nuestro de cada día” y menciona como la vida de México va, de alguna manera, pasando de escándalo en escándalo sin que se enfoquen las baterías en los problemas que hacen posibles esos escándalos.
A mi la cobertura periodística sobre la “lista con los nombres” de los beneficiarios de las concesiones me pareció parcial, ¿en qué sentido?, en el sentido de que la tardanza en la entrega de la información por parte de las autoridades creó, o al menos así se quiso, la sensación de que algo se escondía, y ese algo que se escondía era que había una línea directa entre política y negocios. Cuando se dieron a conocer los nombres “ya todo cuadro”.
Desde mi punto de vista, hizo falta que el trabajo periodística trascendiera el escándalo, y que no sólo nos ofreciera una información del tipo “junte los puntos, algunos aislados, y saque sus conclusiones, pero recuerde que la suma de política y negocios es igual a corrupción”
No sé, al menos para tener una imagen menos “pixeleada” es decir, deformada, los ciudadanos necesitábamos más información, como saber si hay una verdadera tendencia entre de participación de familiares de políticos en otros negocios que estén relacionados con los cargos públicos, algunas trayectorias de los beneficiarios de las guarderías, para así saber si la relación familiar con los políticos es sólo una coincidencia. Estas sólo por dar unos ejemplos.
Creo que al final, ese trabajo periodístico más extenso hubiera creado las condiciones para saber más allá de los rumores y la maledicencia si, y en qué medida, el tráfico de influencias campea a sus anchas. Tal vez el caso de las guarderías esté lleno de relaciones oscuras entre políticos y negocios, pero esa hipotética verdad se puede esfumar y quedar en nada si sólo se reproduce en el ámbito del escándalo. El escándalo es la negación de los ciudadanos porque los trata como espectadores de un espectáculo, muchas veces un espectáculo macabro.

2 comentarios:
Es cierto que la muerte de casi medio centenar de niños es un hecho triste y desafortunado; sin embargo también lo es la falta de trascendencia del mismo.
La preocupación e interés en estos casos dura en la mente de espectadores y lectores lo mismo que en la prensa y los medios audiovisuales.
Personalmente, considero que es necesario trascender la sorpresa y lamentos provocados por tragedias de esta naturaleza, transformar el enojo en acciones concretas para evitar un nuevo incidente; dejar de recibir "los escándalos" como junk food cuya única utilidad es "distraer" el hambre y calmar el vacío sin saciarlo.
Asì es, la vida pùblica nacional en Mèxico transcurre, como menciona Juan Marìa Alponte, de escàndalo en escàndalo sin lugar a dudas. Desde, dònde dejò las ligas Bejarano, el desafuero del Peje, el Wall Mart en Teotihuacàn, el Toallagate de Martita, el "Flash chilango" Roberto Madrazo, la neumonia atìpica y los infantes muertos en la guarderia del IMSS hasta "¿Conòces a Caster Semenya?", información en este mismo tenor de ideas desborda pàginas de diarios y espacios televisivos.
Un cambio radical para volver a los años donde el periodismo se erigia como verdadera guia de opiniòn pùblica parece casi imposible, mientras la información continue supeditada al factor econòmico de "lo que vende" para los grandes conglomerados mediàticos. Sin embargo, aùn reside en cada uno de los periodistas ese poder de decisiòn sobre còmo abordar un tema o qùe decir en el articulo y, sobretodo, como bien señala Pablo Ordàz, no puede faltar preguntarse lo obvio: ¿Por què?
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